¿EXISTEN LAS UTOPÍAS?

A Marte, que grita “¡crea!”

México 2018. Habitamos tiempos complicados.

La nuestra, personas entre los 24 y los 30 años, somos la generación de nativ@s digitales que aprendieron que internet era segunda casa: sin haber llegado a las aulas universitarias, la gran mayoría de quienes tuvimos acceso a una computadora antes de los 10 años, ya sabíamos de buscadores y salas de chat. El apagón analógico no sorprendió a una generación que pasó de las novelas en Televisa a los tutoriales en YouTube: para nosotr@s, el mundo siempre se antojó diferente, porque ahí donde antes hubo vacío, ahora estaba internet y sus infinitas posibilidades. Luego nos llegó Netflix a la carta, poquito después que Spotify.

Pero también nos habitan los correlatos de quienes fueron nuestras y nuestros antepasados: mujeres y hombres que escucharon a José Alfredo, Pedro Infante, Lola Beltrán, José José, Juan Gabriel y luego a Luis Miguel, Yuri, Chayanne o la cultura que Azcárraga le impuso a Latinoamérica. Fue fácil entonces recibir la cultura gringa enlatada en forma de Backstreet Boys y Kylie Minogue. Bombardeada de romanticismo a la antigua como educación emocional, nuestra “moderna” generación carga con un fuerte legado moralista en su forma de construir relaciones y experiencias de vida: aún soñamos con casarnos, tener hij@s y formar guetos humanos bien delimitados. Nos gusta la familia. Y en medio de ella, “preguntarnos” por los celos (aunque luego se parece más a hacer como que no los sentimos).

Somos una generación del desdén y el cinismo: “líquida”, diría cierto autor adicto a la posmodernidad. Pero también de compromiso y entrega, de sacrificio y mérito. Somos millenials adict@s a causas sociales, emprendedor@s juveniles, líderes de marketing e industrias culturales, que hoy son emporio digital.

¿Y qué mundo construye esta generación?

Durante los primeros semestres universitarios, una de las nociones favoritas de quienes daban clase era la palabra “utopía”. Nos dijeron entonces que las “utopías” eran todas esas promesas no logradas en la historia humana; utilizaban la noción para referirse a los románticos panfletos, propaganda, de diferentes movimientos a lo largo del tiempo, mismos que acumularon sueños en su haber, pero no alcanzaron nunca el cometido de su causa: el socialismo, el pacifismo, el hippismo… Daba igual: resulta que todo había sido utópico si reconocíamos que el capitalismo como ideología y experiencia concreta, no solo triunfó, sino que se fue actualizando hasta nuestros días.

Son tiempos difíciles los nuestros porque a pesar de saber que las utopías están, pero no, ahí… seguimos guiándonos por ellas. Aunque cínic@s, somos una generación de soñador@s, entonces, de creador@s.

Nos gusta enamorarnos. Creer en unicornios. Star Wars mutó a ser una historia de rebeliones más allá del amor corrompido y de galaxias: se nos rebeló una lucha por justicia; Jyn Erso prometió esperanza y Rey, una joven mujer sin nada más que perder, se erigió ante nosotr@s como la última jedi, cuando pensábamos que habían desaparecido. Nuestras narrativas son de esperanza y reconstrucción, ahí donde justamente el pasado nos fue recordando que “ya no teníamos nada”.

El mundo que construimos, entonces, no puede ser otro que el de las utopías que desde niñ@s llegaron a nosotr@s en forma de semillas y sueños. Dueñ@s de otros tiempos, convulsos, difíciles, violentos y anacrónicos (porque en medio de tecnología y conocimientos sin límite, habitamos guerras), nuestra experiencia acumulada genera una convicción: dejemos de conformarnos.

Faltan 20 minutos para que termine este día, 17 de mayo. El día que conmemora internet y, también, la despatologización de la homosexualidad: el día contra la homofobia. No hemos logrado grandes victorias; quizá y a caso, lo que tenemos son apenas insignificantes batallas. Pero tenemos disminución del VIH; más abortos; más divorcios: hoy tenemos un más enraizado feminismo. Más personas explorando su bisexualidad o abandonando los prejuicios que les hicieron creerse, gran parte de su vida, heterosexuales. Son apenas pequeñas batallas, pero si ellas le dan hoy un respiro de esperanza a más personas que la que tenían hace unos años, podemos suponer que ha valido la pena.

Podemos decir que sí, que existen las utopías. Y existen como parte de los sueños de un conjunto de gente, alrededor del mundo, que sueña y siente que las cosas pueden ser diferentes porque no hay lugar ya para conformarnos. Por eso, y por la infinita necesidad que nos habita desde siempre a favor de la diferencia, brindemos porque crearnos y habitarnos mundos nuevos sea nuestro principio de resistencia ante el mundo, pues es de nosotr@s y de nadie más el tiempo de demostrarnos qué clase de revolución representa ésta, la tecnológica, la de los cambios, que puso en nuestras manos la caída de los muros que existieron antes de internet y de un mundo conectado, de chats, de apps, de algoritmos y de motivos para inspirarnos a transformar y vivir. Realmente vivir.

Sí. Existen las utopías. Las celebro pensando en la entrada a este blog: el amor entre mujeres que en un inventado San Junípero le dice al mundo que los límites están ahí donde no exista imaginación.

 

Autor: Mariana
Texto: ¿EXISTEN LAS UTOPÍAS?

 

R de Lola
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